La Exponencial Humana

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Fé en ti. El vacío.

La ley de la atracción no es para atraer cosas, es para no necesitarlas

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Arend E. Verga
jun 29, 2026
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Seis y media de la mañana, las montañas con sus criaturas comienzan a clarear mientras vos observás sentada en el sillón del jardín con las piernas cruzadas tomando mate pausadamente. En ese momento el mundo es una invitación, todo potencial, un bebé de mundo.


Según pasan los años acumulamos todo tipo de cosas, cosas que aprendemos a proyectar cada mañana sobre ese mundo bebé puro potencial.

Nuestro mundo interno entonces se hace viejo por acumulación, y proyecta sus vejeces, sus expectativas gastadas y repetitivas sobre el bebé Mundo.

¿Escuchaste sobre la ley de la atracción? Pongamos que sí.

Con un poquito de suerte jugaste ya con eso, y después de un tiempo te diste cuenta que no funciona, o poco, y si insististe te diste cuenta de que se convierte en re tóxica.

Aún así hay algo en ella que resuena, que llama, que parece tener algo, un mensaje, una puerta, algo.

Quizá ese algo no sea más que lo mismo que las religiones. Promesas de paraísos al alcance de tu mano.

Es increíble la debilidad de los humanos por los paraísos futuros de todo tipo, encontrar el amor, ser reconocidos, valorados, la abundancia económica, el éxito, o los paraisos sociales en los que todo en un futuro será perfecto y todos compartiremos el mundo en armonía, justicia e igualdad.

Quien me lea sabe que soy muy crítico tanto de los paraísos sociales como del pensamiento positivo o la búsqueda del éxito y la persecución de metas, que encuentro algo destructivo en todo ello.


Permítanme desdecirme, o mejor, permítanme tener una visión compleja del asunto, multidimensional, amplia, incluso libre.

Mi percepción desde lo más profundo y sutil es que el mundo responde a nuestro movimiento interno.

No quiero decir que solo responda a eso, creo que también tiene su propio movimiento, su propia inteligencia, y en el fondo también sus propios objetivos, o “objetivos” mejor, pues quizá los objetivos del mundo no estén hechos de la misma materia prima que los objetivos que tenemos nosotros. Dejemos eso para otra ocasión.

Creo que hay un nivel profundo y sutil en el que el mundo reacciona a nuestros movimientos interiores y del que yo no debería hablar, pues hay cosas que, en su sutilidad, solo pueden ser dañadas con nuestras palabras. Hablemos de ellas.

Una forma de hacerlo es la famosa frase de “el mundo es un espejo”. Lo es.

Lo es porque reacciona a nuestras acciones, y el resto de seres humanos también reacciona a nuestras emociones y movimientos interiores, conscientemente y no. Pero creo que la cosa va más allá.

Creo que el mundo, lo que nos rodea, tiene su propia inteligencia, en realidad varios niveles de inteligencia que reaccionan de forma distinta, compleja, a nuestros movimientos interiores, incluso algunos que se oponen a nuestros movimientos, deseos, expectativas, y otros que los ayudan a materializarse.

Cada mañana al levantarnos creamos el mundo, con nuestras expectativas sobre él, conscientes o no, sobre todo las que no.

Nuestros patrones de pensamiento, de emoción, de percepción, acotan los sucesos del día, el reflejo que el espejo nos devuelve, tanto los que dependen directamente de nosotras y nuestras acciones como multitud de otros eventos fortuitos, o aparentemente fortuitos, y no directamente relacionados con nuestras acciones.

Obvio esto es una opinión/creencia/sensación de tipo religioso, o al menos “religioso”.


Mi problema con la ley de la atracción es lo que te hace por dentro, en lo que te convierte.

La ley de la atracción es una forma de proyección del ego sobre el mundo, el cáncer del ego queriendo crecer, expandirse, triunfar, tener éxito, queriendo más, siempre más de lo que ya tiene, atrapándonos en la miseria y la carencia eternas independientemente de lo que lleguemos a alcanzar o nos sea otorgado.

La ley de la atracción nace de la carencia, si no viviéramos en la carencia, si nuestro movimiento interno no se diera desde la carencia, no desearíamos atraer nada.

No necesitamos prácticamente nada de lo que deseamos, es una ficción que nos atrapa en la miseria interior, independientemente de lo que tengamos o no y de lo que alcancemos o no.

Y esto es así para nuestras expectativas románticas, materiales, sociales, de éxito profesional, o en cualquier ámbito. Nuestros deseos son la imagen externa de nuestra carencia.

Eso nos lleva a que el problema no sea alcanzar esto o aquello, el problema es la carencia que nos habita, el agujero negro, el vacío que consume nuestra alma y nuestro movimiento interno, y que se manifiesta en una actividad externa desde esa carencia, desde ese vacío inagotable que no acaba de llenarse le lancemos dentro los éxitos, logros, experiencias, y cosas materiales que le lancemos.

Nuestro deseo, nuestra necesidad, nuestra carencia, nuestros vacíos, ¿qué hacemos con eso? Ahí es donde creo que podemos rescatar algo de la “ley de la atracción”.

Pasemos a la parte paga para hablar de eso, la parte en que tenés que dar algo, pagar un ticket, un derecho de piso, comprometerte, entregar algo de vos para salir de la actitud pasiva, consumista, utilitarista, y depredadora con la que nos hemos habituado a recibir información, y a tratar al resto de seres humanos en general.

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